viernes, 9 de noviembre de 2018


Daniel Afonso

Médulas

Las formas de explotación

Primitivamente los aluviones de las Médulas formaron un cerro en el extremo occidental de la Aquiana, del que hoy quedan montículos y conos gigantescos que no llegaron a ser arrastrados. Los ingenieros romanos idearon y pusieron en práctica para su desmenuzamiento el sistema que Plinio llama "ruina montium". Consiste el procedimiento en cortar y derribar, separando del resto, las masas de terreno aluvial en las que se encuentra el oro para ser arrastradas después hacia los canales de lavado.

Para su realización se procedía del siguiente modo:

Excavar pozos y galerías subterráneas en lugares adecuados, en los conglomerados de arcillas y guijarros, entibando con maderas para impedir su prematuro desplome. Fueron éstos los trabajos más penosos de todo el procedimiento de extracción, por las dificultades y peligros que entrañaban dados los medios de la época. Siguiendo a Plinio encontramos una alusión a ellos:

"...hechas cuevas por largos espacios, cavan los montes con luces de candiles, y ellas mismas son la medida del trabajo y vigilias, y en muchos casos no se ve el día. A esta manera de sacar el oro se le llama arrugias, y súbitamente se suelen hundir los quiebros que se hienden en su emplante, y cubren súbitamente los trabajadores, dejándolos allí sepultados, de suerte que ya parece mucho menos temerario buscar en lo profundo del mar las perlas: tanto más peligroso hemos hecho las tierras".


Se dejaba entrar en las galerías el agua, lo que producía fuertes erosiones que provocaban el derrumbamiento. De nuevo Plinio lo narra así:

"...las cabezas de los arcos se abren y hienden y dan señal de ruina. Y sólo la conoce aquel que es vigilante en la altura del monte. Éste, con la voz y golpes, manda a los obreros que de presto se aparten."

"...quebranto el monte cae por sí mismo, con tan grande estruendo y viento que no puede ser concebido por la mente humana..."


Arrastre de las tierras derrumbadas hacia los lugares del lavado donde las pepitas de oro, más pesadas, eran retenidas en el fondo por múltiples e ingeniosos medios, continuando el resto de las tierras, convertidas en barro y lodo, hasta desaguar en el Sil. Los grandes cantos que aparecían en el derrumbe del monte oponían dificultades a su arrastre por el agua, siendo necesario retirarlos a mano y apilarlos en montículos que aún hoy pueden observarse. Los guijos y arenas arrastrados por el agua, ofrecían sin embargo las dificultades de su depósito. Pero también fueron salvadas por el ingenio romano.

El sistema hidráulico

Es el más espectacular de los conocidos, tanto por la cantidad de agua captada como por la longitud y ramificaciones de sus canales. Se conoce hoy el trazado de estas captaciones, canales y depósitos a través de las investigaciones y de los datos que proporciona el mismo Plinio, así como porque en varios tramos el trazado de los antiguos canales aún persiste y se puede ver perfectamente sobre el terreno.
El agua, desempeña una función primordial e indispensable en el proceso de extracción del oro por el sistema de "arrugias", tanto en la fase del derrumbe de las tierras como en el de arrastre y lavado de las mismas.

El agua, que no fluía en abundancia al pie de la explotación, fue necesario captarla donde existía y en las cantidades suficientes, así como conducirla por medio de canales y almacenarla en depósitos para su utilización en el momento adecuado. Estas obras auxiliares implicaban en muchos casos un esfuerzo y trabajo más difícil y costoso que la propia explotación del mineral.

La construcción de esta compleja y extensa red de obras auxiliares hubo de exigir quizás el mayor esfuerzo y dificultad de todo el conjunto de la explotación, por la intrincada topografía del terreno en que está trazada.

Canales

El agua era captada desde varios sitios:
1. Desde la falda nordeste del Teleno, a la distancia de unos 35 kilómetros y a un altitud entre 1.700 y 2.000 metros. Estas captaciones recogían en verano el deshielo de las nieves y pequeños glaciares; el agua era conducida hacia el sudeste, bordeando la montaña, para luego torcer al noroeste a buscar el río Cabo, afluente por la derecha del río Cabrera.

2. El río Cabo, engrosaba su caudal con otro canal que recogía el agua de la cuenca superior del Cabrera, alimentaba aguas abajo los siete canales que bordeando la montaña, con pendientes entre 0,6% y 1%, llegaban a los estanques que la almacenaban al pie de la explotación.


3. Desde la vertiente norte de los montes Aquilanos, recogiendo las aguas desde las mismas fuentes del río Oza, próximo al pueblo de Peñalba. Desde allí eran conducidas hacia Las Médulas bordeando las montañas y captando a su vez las de los arroyos que se cruzaban (Valdecorrales, Río Guido, Reguerón, Rimor, etc.), llegando a la explotación a través de dos canales.

La longitud de las canalizaciones trazadas ha dado lugar a discrepancias entre los diversos investigadores, aportando cifras que varían entre los 200 y los 500 kilómetros. Sin duda es difícil el cálculo preciso al haber desaparecido muchos vestigios, pero la opinión generalizada atribuye a los canales suministradores de agua a Las Médulas una longitud en torno a 300 kilómetros. Además del número y trazado de los canales se ha investigado y dado a conocer su pendiente y dimensiones, que varían en función de la constitución del terreno y por tanto de las dificultades para su construcción.

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