Daniel
Afonso
Médulas
Las formas de
explotación
Primitivamente los
aluviones de las Médulas formaron un cerro en el extremo occidental
de la Aquiana, del que hoy quedan montículos y conos gigantescos que
no llegaron a ser arrastrados. Los ingenieros romanos idearon y
pusieron en práctica para su desmenuzamiento el sistema que Plinio
llama "ruina montium". Consiste el procedimiento en cortar
y derribar, separando del resto, las masas de terreno aluvial en las
que se encuentra el oro para ser arrastradas después hacia los
canales de lavado.
Para su realización
se procedía del siguiente modo:
Excavar pozos y
galerías subterráneas en lugares adecuados, en los conglomerados de
arcillas y guijarros, entibando con maderas para impedir su prematuro
desplome. Fueron éstos los trabajos más penosos de todo el
procedimiento de extracción, por las dificultades y peligros que
entrañaban dados los medios de la época. Siguiendo a Plinio
encontramos una alusión a ellos:
"...hechas
cuevas por largos espacios, cavan los montes con luces de candiles, y
ellas mismas son la medida del trabajo y vigilias, y en muchos casos
no se ve el día. A esta manera de sacar el oro se le llama arrugias,
y súbitamente se suelen hundir los quiebros que se hienden en su
emplante, y cubren súbitamente los trabajadores, dejándolos allí
sepultados, de suerte que ya parece mucho menos temerario buscar en
lo profundo del mar las perlas: tanto más peligroso hemos hecho las
tierras".
Se dejaba entrar en
las galerías el agua, lo que producía fuertes erosiones que
provocaban el derrumbamiento. De nuevo Plinio lo narra así:
"...las cabezas
de los arcos se abren y hienden y dan señal de ruina. Y sólo la
conoce aquel que es vigilante en la altura del monte. Éste, con la
voz y golpes, manda a los obreros que de presto se aparten."
"...quebranto
el monte cae por sí mismo, con tan grande estruendo y viento que no
puede ser concebido por la mente humana..."
Arrastre de las
tierras derrumbadas hacia los lugares del lavado donde las pepitas de
oro, más pesadas, eran retenidas en el fondo por múltiples e
ingeniosos medios, continuando el resto de las tierras, convertidas
en barro y lodo, hasta desaguar en el Sil. Los grandes cantos que
aparecían en el derrumbe del monte oponían dificultades a su
arrastre por el agua, siendo necesario retirarlos a mano y apilarlos
en montículos que aún hoy pueden observarse. Los guijos y arenas
arrastrados por el agua, ofrecían sin embargo las dificultades de su
depósito. Pero también fueron salvadas por el ingenio romano.
El sistema
hidráulico
Es el más
espectacular de los conocidos, tanto por la cantidad de agua captada
como por la longitud y ramificaciones de sus canales. Se conoce hoy
el trazado de estas captaciones, canales y depósitos a través de
las investigaciones y de los datos que proporciona el mismo Plinio,
así como porque en varios tramos el trazado de los antiguos canales
aún persiste y se puede ver perfectamente sobre el terreno.
El agua, desempeña
una función primordial e indispensable en el proceso de extracción
del oro por el sistema de "arrugias", tanto en la fase del
derrumbe de las tierras como en el de arrastre y lavado de las
mismas.
El agua, que no
fluía en abundancia al pie de la explotación, fue necesario
captarla donde existía y en las cantidades suficientes, así como
conducirla por medio de canales y almacenarla en depósitos para su
utilización en el momento adecuado. Estas obras auxiliares
implicaban en muchos casos un esfuerzo y trabajo más difícil y
costoso que la propia explotación del mineral.
La construcción de
esta compleja y extensa red de obras auxiliares hubo de exigir quizás
el mayor esfuerzo y dificultad de todo el conjunto de la explotación,
por la intrincada topografía del terreno en que está trazada.
Canales
El agua era captada
desde varios sitios:
1. Desde la falda
nordeste del Teleno, a la distancia de unos 35 kilómetros y a un
altitud entre 1.700 y 2.000 metros. Estas captaciones recogían en
verano el deshielo de las nieves y pequeños glaciares; el agua era
conducida hacia el sudeste, bordeando la montaña, para luego torcer
al noroeste a buscar el río Cabo, afluente por la derecha del río
Cabrera.
2. El río Cabo,
engrosaba su caudal con otro canal que recogía el agua de la cuenca
superior del Cabrera, alimentaba aguas abajo los siete canales que
bordeando la montaña, con pendientes entre 0,6% y 1%, llegaban a los
estanques que la almacenaban al pie de la explotación.
3. Desde la
vertiente norte de los montes Aquilanos, recogiendo las aguas desde
las mismas fuentes del río Oza, próximo al pueblo de Peñalba.
Desde allí eran conducidas hacia Las Médulas bordeando las montañas
y captando a su vez las de los arroyos que se cruzaban
(Valdecorrales, Río Guido, Reguerón, Rimor, etc.), llegando a la
explotación a través de dos canales.
La longitud de las
canalizaciones trazadas ha dado lugar a discrepancias entre los
diversos investigadores, aportando cifras que varían entre los 200 y
los 500 kilómetros. Sin duda es difícil el cálculo preciso al
haber desaparecido muchos vestigios, pero la opinión generalizada
atribuye a los canales suministradores de agua a Las Médulas una
longitud en torno a 300 kilómetros. Además del número y trazado de
los canales se ha investigado y dado a conocer su pendiente y
dimensiones, que varían en función de la constitución del terreno
y por tanto de las dificultades para su construcción.

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